El Espíritu Del Vino – Héroes Del Silencio

Hoy, buena música. “El Espíritu Del Vino”, por Héroes Del Silencio.

La nostalgia vende. Vaya que si vende. 37500 entradas para el concierto del miércoles y otras tantas para el del viernes.

Jamás me gustaron Héroes Del Silencio, la perspectiva me hace apreciarlos como unos precursores del emo (las pintas góticas, los guiños al romanticismo mal entendido, la actitud gilipollesca) y todos sabemos que el emo es un timo. Aparte de una mierda pinchada en un palo. Pero lo cierto es que forman parte de la historia del pop español y de gran parte de una generación. Habrá que ver si eso es algo bueno o no.

“El Espíritu Del Vino” es el disco con el que Héroes se hicieron grandes. Se hicieron grandes y se hicieron mayores, con producciones que ya no eran de andar por casa y textos con referencias a cosas distintas a salir por ahí y el daño que me hace que mi novia me mire como a un bicho raro. Con este disco dan el salto a Europa y el mundo, descubren nuevas drogas y Sudamérica y ya nada volvió a ser igual.

Y si la historia y la biología no son razones suficientes para hacerles un hueco, “La Sirena Varada”, “La Herida”, “La Apariencia No Es Sincera”, “El Camino Del Exceso”, “Flor De Loto”, “Tumbas De Sal” (ideas más torpes se han visto…), “La Alacena” o ese guiño/homenaje/plagio de “Enter The Sandman” que es el inicio de “Nuestro Nombres” deberían serlo.

Don Enrique Bunbury nació para ser una rock star, no le demos más vueltas. Ni de coña me iría a cobrar el gordo de la primitiva con él, mucho menos de copas, pero me resulta difícil imaginarlo siendo banquero, pescatero o proctólogo, así que tiene y tenemos suerte de que sea una rock star, ya que canta casi como si se creyera lo que dice. Y yo, sinceramente, un sábado por la noche, no le pido mucho más al pincha.

Suena Héroes y todos sabemos que podrá ser una mierda, pero es rock, se puede cantar y puedes gritar sin miedo a desgañitarte ni al ridículo. No pido más.

Grandes.

Me jode tremendamente tener que dar explicaciones de mi conducta así que siempre he optado por no hacerlo. Tampoco lo hago ahora cuando digo que esto no es coyuntural y que me he quitado el cachirulo y desenroscado la boina antes de escribir este post. Creo en lo que digo y digo lo que creo. En el concierto del pasado viernes tuvimos sentados junto a nosotros a tres jóvenes de caros cortes de pelo y cuidadas barbas descuidadas en sus jerseys de rayas que no se movieron en tres horas de concierto. No se pusieron de pie. No cantaron. No disfrutaron. No estaban ahí porque les gustara la música que sonaba. Estaban ahí porque “había que estar”.

Ellos son el enemigo.

En la foto, el miércoles pasado estuvimos bebiendo Maisel en la Oktoberfest. ¿Dónde está la foto? ¿La tienes tú? Pues yo tampoco.

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En otro orden de cosas, ¿soy el único al que le joden los mensajes de nuestros queridos primos del cono sur diciendo “ey, loco, pazate y agrego a ff”? Si tu único objetivo en la vida es tener una lista de favoritos tan larga como mi brazo y no tienes nada interesante que decir, entonces la puerta es el sitio por el que has entrado, querido.

Y “El Camino Del Exceso” no es un disco de los Héroes.

Número de familiares en el extranjero: 1 y medio. Santi está cada vez más cerca.

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