Doctor En Alaska

 

Hoy, serie esencial. Doctor En Alaska.

Los bocadillos de Nocilla, las tetas de Sabina, mojar los ganchitos en la Coca-cola, el final de David El Gnomo… Todos tenemos en nuestra pre-adolescencia cosas que nos han marcado de por vida y que, cuando nos las mencionan, exclamamos “hostias, el (inserte aquí su pieza de nostalgia o fetiche preferido)”, qué tiempos.

No conozco a nadie nacido entre el 74 y el 80 a quien no se le ponga cara tontorrona y ensoñadora cuando se les hace mención a “Doctor En Alaska” (y los que no la ponen no la veían, directamente). En tiempos en los que Internet no existía, “Doctor En Alaska” (“hostias, Doctor En Alaska”) fue una serie de culto maltratada por los programadores de la 2 que narraba las peripecias de Joel Fleischman (“hostias, el doctor Fleischman”), un doctor que se ve obligado a prestar 4 años de servicio en la remota aldea de Cicely (“hostias, Cicely”), Alaska.

El mayor atractivo de la serie eran los propios habitantes de Cicely, todos ellos más raros que un perro verde pero con un encanto que no ha sabido mostrarnos ninguna otra producción audiovisual. Teníamos al ex-astronauta de la NASA Maurice, la guapísima piloto e icono sexual de una generación Maggie, los propietarios del bar del pueblo Holling y su esposa unos 40 años menor Shelly, el atractivo ex-convicto, dj de la radio local e icono sexual de una generación Chris, Ruth-Anne la propietaria de la tienda, Dave el cocinero, el aprendiz de chamán Ed, el hombre burbuja…

Las situaciones eran surrealistas sin dejar de ser naturales y se nos ofrecía un estilo de vida endogámico y localista pero con un sex-appeal abrumador, como la ocasión en que Chris decide hacer algo que no se haya hecho jamás y catapulta un piano. Por supuesto, todo se torció cuando Rob Morrow (el doctor Fleischman) decidió desligarse del proyecto para no encasillarse en exceso y hacer otras cosas (“Emperor’s Club”, “Numb3rs”) y los productores lo sustituyeron por otro “Doctor” en Alaska. La serie, como es normal, aguantó cuatro días más.

Siempre me comerá la envidia de pensar en el tío de la facultad que tenía la sudadera de Northern Exposure y es que, por aquel entonces, no existía Internet.

Sí, qué tiempos.

Foto: obras de la Expo. ¿Cómo cojones sacas la furgoneta ahora, campeón?

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En otro orden de cosas, sé que hoy tocaba actualización travestida pero estoy en casa de mis padres y no llevo las fotos encima. Mañana será otro día. Y el sábado, otro más.

El sábado, concierto de Wilco y Miss Kittin. Lo sé, es como mezclar a Metallica con Parchís, a Tamara con Bob Dylan o a los Klaxons con Tchaikovski. ¿Es la suiza telonera de Wilco en las demás ciudades también? Manténgame informado, por Dios.

El otro día me dejé encerrados dentro del curro a dos chicos que estaban jugando a rol. Señoras y señores, esta es mi cabeza últimamente.

Número de familiares en el extranjero: 1. A por la segunda A.

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3 comentarios en “Doctor En Alaska

  1. raskolnikoff dijo:

    joer, busco doctor en alaska y le encuentro por acá, paisano. Soy el de fotolog de las viñetas de gañanes palurdos y Jonderes.

    Que gran serie Doctor en Alaska, (hostias! Doctor en Alaska)

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