Lucifer

Hoy, comic indispensable. “Lucifer”, por Varios Autores (la mayoría de ellos, bastante interesantes).

Spin-off. Los foros de Wordreference lo definen como una manera de derivar algo nuevo, aprovechandose de una fórmula probada y exitosa. En términos planos y simples, una traducción sería “seguir ordeñando las ubres del éxito sin atisbo de imaginación”.

“Lucifer” es un spin-off de un comic espectacularmente bueno, “Sandman” (próximamente en CPSALVM), pero no es fruta de temporada como lo pudo ser “The Dreaming”, sino un producto con entidad, carácter y carisma. Como su protagonista, vaya.

Nos apasionan los villanos. Los personajes torturados de más de dos dimensiones nos llevan de calle, y no hay nadie más villano que la criatura más mala de la creación. No esperemos encontrarnos a un ser rojo con cuernos, barba, patas de cabra y tridente al puro estilo de Pedro Botero o el Satán de South Park. Este Lucifer es un dechado de elegancia y savoir faire, que prefiere resolver sus problemas como una partida de ajedrez, más que como un pulso.

Por el cosmos de “Lucifer” se pasean dioses y mitos de todos los panteones conocidos por el hombre moderno, que luchan entre si por conseguir posiciones de poder con respecto a los demás o que contraen y cobran deudas y favores. También encontramos ángeles con unos defectos demasiado humanos, demonios que hacen favores a la humanidad y mortales que parecen auténticos demonios.

He de admitir que gran parte del atractivo que posee Lucifer para mi reside en que tiene un cierto punto aragonés, ya que se crece ante las adversidades y se empeña con mayor denuedo cuanto más imposible es la tarea. La tierra tira y el demonio lleva cachirulo, sí.

Belcebú, Pedro Botero, el Diablo, Cachudo, Príncipe de las Tinieblas, el Enemigo, el Lucero del Alba, Satanás, Lizbel, el Demonio, el Patecabra, Mephistopheles, el Portador de Luz, el Primer Caído. Lucifer, coño ya.

En la foto, dos gatos en una ventana. Paseando un día a los perros descubrimos a un gatete negro que había sido abandonado por su madre. No tendría más de una semana, pero se defendía y bufaba como un auténtico cabrón. Al final, un vecino decidió llevárselo a casa y adoptarlo. No sin que antes arañara y mordiera su benefactor, pocas veces he visto sangrar tanto a una persona. Decidimos llamarlo “Satán”, cariñosamente. Más que apropiado.

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En otro orden de cosas, es terrible. Pienso en las veces en que escribes un texto y después lo borras, ya sabes, te apetece decir algo pero luego piensas “joder, a quién le importa esto” o “joder, esto es demasiado personal” o “joder, debería dejar de decir joder” y terminas por guardarlo en el cajón o eliminarlo de tu memoria directamente. Impulsos y remordimientos. Mala combinación. Como lo es la cerveza con Red Bull de la marca Veltin’s que compré el otro día en el 3X2 del Carrefour. Sabe exactamente a cerveza Veltin’s mezclada con Red Bull. Y aún me quedan dos en la nevera. Es terrible. Joder.

La solución para todos nuestros males será, a partir de ahora, vodka negro.

Una botella.

Numero de familiares en el extranjero: 1. You swagger boy…

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