Cassadaga – Bright Eyes

Hoy, buena música. “Cassadaga”, por Bright Eyes.

No hay nada más moderno que parecerlo. Un buen ejercicio para ello es ir al FIB o, mejor aún, no ir y decir que lo has hecho. Esta mañana Dani se ha encargado de recordarme que en la última edición tuvo lugar el mejor jueves de toda su historia, y es por ello que me he decidido a rendir homenaje a Bright Eyes. Bueno, por eso y porque voy a terminar quemando “Cassadaga” de tanto escucharlo. Bueno, por eso y porque hacía un montón de tiempo que no teníamos buena música. Bueno, por eso y porque le hice un MyHeritage a JosMIT y le salía un 68% de coincidencia con Connor Oberst. Bueno, por eso y porque la última vez que hubo buena música venía acompañada de una foto de DOMO persiguiendo a un gatete, y ahora tengo a DOMO encima de mi tele.

Comienza “Cassadaga” de una forma que me encanta desde tiempos del “Vitalogy”: la locución de una señora mayor hablando de cualquier cosa (indicaciones para llegar a Cassadaga, en este caso) sobre un colchón de orquesta desafinada y fantasmagórica. La voz de Mr. Oberst se eleva de forma sobre una guitarra de ultratumba para darnos la bienvenida a su último disco hasta la fecha. Después ya vendrá “Four Winds” y la sensación de que le podemos dar al stop, que nada que nos tenga que ofrecer va a ser igual de bueno que ese arranque, no digamos ya mejor. No cometan ese error.

El resto del disco no tiene (apenas) desperdicio. Una mezcla de folk y americana con violín y coros femeninos apenas susurrados que nos recuerdan al mejor Bob Dylan, crooning con solidez como sólo Cohen (no Nathan ni Joel, el otro) sabe hacer con esa naturalidad y una aproximación a la música popular con el respeto que muestran los maestros. Pero no le hagamos un flaco favor al señor Oberst con comparaciones odiosas y amémosle por sus méritos.

Hay algo en la voz de Connor que me mueve. Tal vez sea lo plosivas que hace las plosivas (tanto que hace que te entran ganas de coger una guitarra, cantar por encima y pensar “joder, qué bien hablo inglés”), tal vez sea lo intenso y comprometido que suena cuando se pone político, a pesar de que todos sepamos que todo eso es pose (no se puede estar leyendo la cartilla al colonialismo y al corporativismo y poco después decir que has viajado en un cadillac y en el jet de la empresa). O no sé, tal vez sólo sea que me gustan las buenas canciones y punto.

Todo va sorprendente y excesivamente bien hasta el break de “No One Would Riot For Less” (corte 10. Hay gente que la caga mucho antes), donde destroza una canción preciosa hasta el momento. Eso lo añadimos a “Coat Check Dream Song”, que suena a experimento y tenemos una gran mancha en un disco perfecto hasta el momento. Claro, luego llega “I Must Belong Somewhere” y la cosa repunta (a pesar de sobrarle un par de minutos) y aguanta hasta el final, pero uno no deja de pensar que los productores también están para dar ese tipo de consejos a los artistas, y que si se trata de que el ego del niño no sufra las caras B de los singles están para eso.

Wilco, Bright Eyes, Banhart… ultimamente estoy (re)descubriendo los encantos del folk y la americana. Joder. Me hago mayor.

En la foto, ¿quién es JosMIT y quién un cascanueces? Pista: JosMIT es el de los muslos gordos.

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En otro orden de cosas, cómprense una moto y tiren su coche por el acantilado más grande que encuentren.

El martes salí del curro y vi que me habían mangado la moto. A los dos minutos descubrí que la habían movido unos 100 metros y la habían intentado arrancar. Como no lo consiguieron, decidieron arrancar otra cosa, en este caso el plástico frontal que protege los cables, procediendo a trastear con los cables e inhabilitándola por completo. Un desastre, vaya. La reparación me va a costar 37 euros. Pienso que por ese precio en un coche ni te vacían los ceniceros, y que la más mínima rayita te cuesta 300 euros de quitar. La moto gana.

Por supuesto, no le deseo nada malo al hijolagranputa que me lo hizo. Sólo le deseo que tenga un trabajo que le dure por siempre, lo normal, trabajando 40 horas y cobrando el salario mínimo. Le deseo que encuentre al amor de su vida lo más pronto posible, que se case joven, con 18 como mucho y que tenga hijos. Muchos. Todos los que le quepan. Y que no se le vayan de casa, que es lo normal. Le deseo también unos suegros que le quieran mucho, que estén todo el día en su casa. Le deseo unos hijos sanos, sin enfermedades raras, sólo caries, miopía y lo normal, y que cuando tengan 13 empiecen a salir por ahí, a beber y a drogarse, que es lo normal, vaya, y que las chicas se queden embarazadas jóvenes, que es muy bonito el amor adolescente. Para él le deseo que muera de lo normal: un cancer, un infarto, ya saben, lo normal en estos casos, para que toda la familia, los 18, estén con él al lado de la cama de su casa, que ni siquiera habrá terminado de pagar cuando eso suceda. Lo normal, caramba.

Buen karma.

Número de familiares en el extranjero: 1. ¿Te hace la porra que te he mandado?

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