Batman

Estos veinte días me toca a mi la custodia compartida de los perros así que, a pesar de lo escrupuloso que soy normalmente con el tema de la limpieza, me la suda todo bastante porque sé que la casa acabará toda llena de pelos.

Cuando he vuelto de pasearlos a mediodía, tras sufrir rachas de viento de 110 km/h (esto es amor, y no envenenar a tu pareja, como hizo Romeo), he visto una mota de suciedad en el suelo y me he agachado a recogerla. Vivo al lado del campo, de manera que no me ha sorprendido especialmente comprobar que no se trataba de suciedad, sino de la primera mosca de la temporada, una particularmente pequeña.

No tenía sentido matarla, así que la he dejado estar.

Ya por la tarde, hace un rato, me he ido a sentar a pasarle a mi hermano las fotos del último viaje y visto el cadáver de la pequeña mosca, casi en el mismo sitio donde la encontré la primera y única vez que coincidimos.

Así, mientras mi perro lame mi cara, reclamando mi atención para que juegue con él, o le pasee, o le alimente o lo que quiera que signifique que un perro te lama la cara de la manera que lo hace él, no puedo evitar pensar en cosas pequeñas y absurdas, como por ejemplo en las vidas que me rodean y lo poco que cuesta, si no hacerlas felices, dejar que se sientan bien durante un rato a mi lado.

Hace viento y frío ahí fuera, oigan. Este es mi blog y me lo follo cuando quiero.

Número de familiares en el extranjero: 1

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