¿Cómo están ustedes?

Hoy, escaparate emocional.

Sinceramente, espero que la respuesta a la pregunta sea “bien”. Y sinceramente también espero que sea el fruto de la reflexión, no de la inercia. Mi reciente etapa de suicidio social me ha hecho llegar, entre otras, a la conclusión/determinación de que cuando alguien me pregunte cómo me siento voy a decir siempre “bien”. Esté como esté.

Porque un día me levanto por la mañana, pienso que Pedro va a venir a cenar, caigo en la cuenta de que me puedo hacer lo que me de la gana de comer sin dar explicaciones a nadie y a la hora que me venga en gana y lo que me relaja cocinar y me siento genial, feliz, pletórico, pero al rato estoy fregando los cacharros y noto como si me faltara algo y me encuentro fatal.

Porque pongo en orden mi vida y doy pasos sensatos pero me da la sensación de que no llego a fin de mes y hago cuentas mil y una veces y no me salen y me siento mal, pero entonces me doy cuenta de que aun pagando hipoteca y oposiciones y préstamos me da para vivir y abro la nevera y la veo repleta de comida y de platos que me he hecho para los días que no hay tiempo para cocinar en lugar de sólo salsas inútiles y fritangas varias y me vengo arriba otra vez.

Porque llevo una alimentación magnífica. Los lunes mientras desayuno me planifico las comidas y cenas de la semana y como carne, pescado, legumbres, fruta y verdura en cantidades que harían sentirse orgullosa a una abuela, y no hago nada de ejercicio, pero un día por la mañana me peso por pasar el rato y mi báscula y el índice de masa corporal me dicen que estoy dentro de la categoría “desnutrición”, pero yo me miro al espejo y me veo estupendo, oye, y entonces ya si que no entiendo nada de nada.

Porque tengo la sensación de que he perdido el tiempo y que el toro no me va a pillar porque hace dos meses ya que lo metieron en corrales y me ofusco y me siento fatal otra vez, pero entonces saco determinación de la nada y me pongo a ello, pero a mitad de camino encuentro cosas superinteresantes y superurgente para hacer, como recoger la medalla de la marathón que hice hace cinco meses y veo que estoy haciendo cosas de casa pero con la sensación de que me tengo que poner a estudiar, y es entonces cuando me siento y me molesta oir música, me molesta incluso el ruido del ventilador, así que lo apago y me centro y me centro y veo que 69 es una cifra muy alta pero siempre he funcionado con objetivos a corto plazo y descontando lo que ya he hecho. Me cunde el tiempo y veo que a pesar de llevar siete años sin estudiar de verdad el cerebro me responde y me siento igual de bien que cuando llegaba a casa cansado por la noche después de haber hecho 15 kilómetros.

Porque salgo por la mañana de casa y a mi, que me encanta el frío, el maldito clima zaragozano, a pesar de que ayer era verano, me sorprende con un cielo encapotado y poca ropa encima. Y cuando salgo a mediodía me sobran el abrigo y el jersey de lana y no sé si asumir que llevo una temporada con el paso cambiado o cambiar y pasar.

Porque mis perros son una carga y una fuente de alergia tremenda que me roban unas dos horas y media diarias, tiempo que podría dedicar a otras cosas más útiles y tiempo que emplean ensuciando mi casa de manera involuntaria y que me atan a no salir de cena, a volver a mi casa demasiado pronto por la noche y me encuentro mal, pero después veo que no los cambio por nada en el mundo y que, aun estando tirados durmiendo detrás de mi sin hacer otra cosa que no sea darme alergia y tirar pelo los necesito como el comer, y hacen que me sienta genial.

Porque a pesar de tener cuatro planes distintos para un viernes por la noche basta con que se me caiga el primero para que no me apetezca ninguno de los otros tres, y me quede en mi casa chateando con Juanjo hasta las dos y media, momento que me voy a la cama para quedarme despierto, tratar de utilizar métodos alternativos para hacer que venga el sueño y termine pensando “lo único que me queda de ti es ceniza en el pecho desnudo” y mierdas por el estilo. Qué más da, si a las nueve voy a estar despierto. Pero no noto la falta de sueño ni tengo ojeras ni voy como un zombie todo el día, así que me siento bien.

Porque al fin y al cabo, da igual cómo me sienta, preguntes lo que me preguntes te voy a terminar respondiendo lo mismo. “Bien”.

El que quiera que me aguante, oye.

Número de familaires en el extranjero: 1 + Santy

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