El Incidente

Hoy, película interesante. “El Incidente” (2008), de Michael Night Shyamalan (rama-lama-dindon).

The Twist. Es un baile, una canción de Chuck Berry y lo que caracteriza al director Michael Night (Kit, Kit, ¿me escuchas?), brutal y genialmente inmortalizado en un episodio de Robot Chicken que ahora no recuerdo.

Los clichés, esa cosa.

“El Incidente” es una peli que trata sobre una pareja que resuelve sus problemas mientras uno de los dos está muerto. Ah, no, que esa es “El Sexto Sentido”.

“El Incidente” es una peli que trata sobre un tío que resuelve sus problemas con su pareja muerta mientras unos marcianos bajan a la tierra. Ah, no, que esa es “Señales”.

“El Incidente” es una peli que trata sobre una pareja que resuelve sus problemas mientras uno de los dos es un superhéroe. Ah, no, que esa es “El Protegido”.

“El Incidente” es una peli que trata sobre una pareja que resuelve sus problemas con su comunidad mientras pasan cosas raras en un bosque. Ah, no, que esa es “El Bosque”.

Coñas fuera, “El Incidente” es una peli que trata sobre una cosa muy rara que sucede y, clichés, bajadas de tensión y juegos clásicos del director aparte, es interesante, está razonablemente bien rodada e interpretada, tiene el punto justo de serie B (esas transiciones) y lo suficiente de credibilidad como para poder disfrutar esas cuatro o cinco escenas que nos regala y que deberían formar parte (una vez más) del imaginario colectivo de nosotros, seres neoseculares.

Y sólo son 1,26, demonios.

A ver qué problemas afronta la pareja en “The Airbender”…

En la foto, mi barrio, mi noche.

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En otro orden de cosas, estaba anoche paseando a los perros, despejándome un poco cuando decidí sentarme en una piedra y mirar la nada. El cielo me recordó a la portada del primero de los Killers, aun sin parecerse en nada a ella, y estaban sonando los Temptations, lo cual me llevó a pensar en la música de los 50 y 60 y en Farrah. Después uno de mis perros, esas pequeñas cositas que me llenan la vida vino a preguntarme con la mirada si ya había terminado el paseo y pensé en el erizo y me entraron unas ganas tremendas de llorar. Pensé que todo es vacuo y absurdo, y el absurdo suele llevarme a pensar en ochoqué. Claro, luego seguí mi camino. Siempre que pienso en la East Coast o en espías acabo pensando en lo mismo.

Ya he terminado con mi proceso o-positivo y, si bien la primer parte ha sido pletórica (he arrancado la lectura con un “Are you ready? Let’s go…”), la defensa ha sido torpe, atropellada e insuficiente. No importa, habrá más convocatorias y ya puedo disfrutar de unas merecidas vacaciones mentales. Siempre que termino una pequeña gran gesta me queda una sensación de “¿qué toca ahora?”.

Pues ahora feliz, feliz.

Número de familiares en el extranjero: 1. Gracias por tu llamada inesperada de ayer. Un besazo.

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