Zatoichi

Hoy, película interesante. “Zatoichi” (2003), de Takeshi Kitano.

Expectativas. Algo que puede llenarnos de alegría, arruinarnos la vida o hacernos dudar sobre si es una palabra que se escribe con ese o con equis.

Cada nueva película de Takeshi Kitano como director o Beat Takeshi como actor nos hace sentarnos con ilusión delante de la pantalla, esperando ver otra entrega del cine occidental más asiático o del cine asiático más occidentalizado. En este caso, “Zatoichi” nos habla del homónimo héroe de leyenda que, ciego como el ojo de la cerradura, debe librar de unos temibles villanos a una inocente aldea. Uno cabría esperar entonces o bien otro western camuflado de señores con coleta y katana o la vieja historia de “bueno resuelve el día y se va al amanecer montado en la furgoneta del Equipo A”. Close but no cigar.

Consciente de lo fácil que es caer en el cliché y acostumbrado como está a huir de él como de la tiña, el Takeshi director sabe incidir en los tópicos del género sin limitarse a repetir patrones, dejando su impronta en el retrato de personajes tan complejos como carismáticos, en una trama bien construida o en la personalísima representación de la abundante sangre.

El caso es que el Takeshi actor, sardónico, histriónico, impertérrito y solaz, nos termina regalando además una interpretación que saber ser contenida, arrancar una sonrisa o ser simplemente correcta cuando el guión que el Juan Palomo de Umeshima ha escrito lo exige. Bravo.

Y si con eso fuera poco, les debió de sobrar presupuesto a final de película, ya que se nos termina dando como propina una escena, tal vez la mejor del film, que evidentemente poco o nada tiene que ver con el metraje. En dicha escena no aparece Zatoichi porque, por elección del director, debido a su carácter no tenía sentido la inclusión de villanos. Toma ya.

A veces la vida espera que trabajemos en C&A, que aprobemos unas oposiciones, que sigamos los pasos de nuestro padre o que cumplamos también nosotros con el guión. O no.

Después de todo, qué coño me sé yo de la vida.

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En otro orden de cosas, últimamente cuento mi vida en minutos. Minutos que faltan para la siguiente convocatoria. Minutos que quedan para que llegue el autobús. Minutos que va a tardar en pasar el próximo taxi. Minutos que llevo delante de la pantalla pulsando F5 una y otra vez. Minutos que necesita la pasta para estar al punto. Minutos que restan para irme. Minutos que tardará en llegar.

Número de familiares en el extranjero: 1. Minute man.

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