Exangüe

Hoy, palabra bonita.

EXANGÜE

El diccionario de la RAE la define como:

1. Desangrado, falto de sangre

2. Sin ninguna fuerza, aniquilado

3. Muerto, sin vida

Sinónimos: agotado, debilitado, exhausto, muerto, exánime, desangrado, derrengado

Antónimos: vigoroso, fuerte, lleno

Origen etimológico de la palabra: del latín “exsanguis”, “privado de sangre”

Resultados de buscar “exangüe” + “compañero” + “piso” en Google: 2410

Tres ejemplos de buen uso de la palabra (cortesía involuntaria de El País, entre otros):

1.- (…) de no dar ni un euro para reflotar a las empresas que se enriquecieron con las vacas gordas del ladrillo y la hipoteca hasta dejarlas exhaustas y exangües y ahora solicitan más pienso del Estado para seguir ordeñándolas

2.- Como si el haber portado el jersey de líder dos días, tantas emociones, tantos agasajos, le hubiera dejado exangüe

3.- La facción Medio Vaso Lleno recibió la propuesta como una relectura arty, aunque exangüe, de Cegada de amor, mientras que la facción Medio Vaso Vacío y Además Caro emparentó el montaje con una función hiperpresupuestada y sonámbula de Diez negritos en gira por provincias

Tres ejemplos de mal uso de la palabra (sin acreditar):

1.- El otro día vi a mi ex, Angüelina Jolie

2.- Nos trepó una cucaracha por la ventana y otra por el dexangüe

3.- A perro exangüe todo son pulgas

En otros idiomas, spent, épuisé, exangue, leblos

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En otro orden de cosas, esta es mi (no tan sublime) manera de decir que, al final, todo salió bien.

Después de un fin de semana en que he experimentado con nuevas vías para llegar a los mismos sitios, de sabor a toffee y vainilla, a altas horas de la noche o bajas horas de la madrugada llegué a esa abominación, homenaje monstruoso a la inoperancia, el sinsentido y la absoluta carencia de lógica que los zaragozanos no tenemos a bien de llamar Delights Station, donde me esperaba una interminable fila de taxistas que me miraban con ira y desprecio, tal vez sabedores de mi independencia, a cuyos pies yacían bolas de piedra, decapitados tributos al absurdo del edificio en sí.

A tres cuartas partes de Ítaca me encuentro en el suelo un blister huérfano de dos Cialis, dos pasos más allá un pañuelo con una evidente  e insinuante marca de carmín y a unos pocos metros la funda vacía de un preservativo. Todo cobra sentido. Al final me estaba esperando Valentina quien, fiel, paciente y resignada arranca al tercer intento sin que nadie me tenga que sujetar por detrás. De ahí al final del camino, luces rojas. Pero no para mi.

Pero todo esto no tiene sentido porque, para cuando leas esto, yo estaré de camino a Italia, donde por fin disfrutaré del tercer tramo de algo que, por fin, puedo llamar vacaciones.

Vente conmigo a Italia. Tira las fotos, las repetiremos, y olvida esas calles, podemos volver a perdernos.

Número de familiares en el extranjero: todos vosotros. Tal vez después de todo sí que haya algo de sublimación.

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