¿Ganará La Gafas? ¿No?

Hoy, película interesante. “Spellbound” (2002), de Jeffrey Blitz.

Internet, vaya cosa. Me permite descubrir que existe un bar cuyo nombre me resulta atractivo y, en cuestión de minutos, averiguar dónde se encuentra y cómo llegar. También me permite leer el flog de Miss Farrah Fawcett, leer una recomendación suya, bajarla, disfrutarla y comentarla. Let’s go!

El cine de género puro, sea cual sea, me suele proporcionar horas de placer, ya que las convenciones hacen que quede poco lugar para la sorpresa, dejando que el cine sea lo que tiene que ser: puro entretenimiento y punto. “Spellbound” pertenece a un género que me es especialmente grato, el documental, que tantas alegrías nos está dando en los últimos tiempos (“En Construcción”, “Capturing The Friedmans”, “CSA”, “Jesus Camp”, “El Gran Marciano”).

Lo que en un principio tiene pinta de ser un coñazo soberano, un documental sobre un grupo de niños que aspira a ganar el National Spelling Bee, el clásico concurso de deletrear que hacen los yankees, deviene en una entretenidísima lección sobre la vida.

Tal vez sea la elección de los niños, todos de entornos distintos y con ambiciones y enfoques diferentes sobre la vida, o tal vez sea la maestría y necesaria frialdad en la dirección de Jeffrey Blitz, que no toma partido por ninguno de ellos ni a priori ni a posteriori, pero la hora y media que dura la película se pasa volando viendo a niños ambiciosos y metódicos, niños superdotados que participan por divertirse, niños que van a por todas como si les fuera la vida en ello, niños que pierden con una sonrisa con la satisfacción de haberlo hecho lo mejor posible, niños que ven cómo con 10 y pocos años pasa el tren por última vez en su vida, niños que aprenden que la vida se compone de victorias y derrotas y niños que se rompen, joder, que se rompen porque sus expectativas y sus objetivos se han convertido en lo único que tienen en sus tristes y pequeñas vidas y, una vez perdido eso, ya no queda nada. Un pedazo de vida valiosísimo que no conviene perderse.

Por supuesto, cuando llegamos al Jarvis era demasiado pronto, estaba demasiado vacío y su dueño, demasiado parecido a Paul Weller, no nos incitaba demasiado a entrar, la verdad. Internet. Qué cosa.

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En otro orden de cosas, esto te lo dedico especialmente a ti, que aunque sé que no dedicas demasiado tiempo a ver vídeos, no trabajas mañana y tendrás tiempo para disfrutarlo. Salud.

Se va una semana de actualizaciones diarias y (casi) modernas, sí. Se van unos Pilares atípicos donde ha sucedido un poco lo de siempre, Rosa de Eppaña saca un nuevo disco, el logo de la Corporación sigue sin gustarle a nadie y el mundo sigue dando vueltas.

Como si nada.

Número de familiares en el extranjero: 1. Mes y medio para Navidades. Qué ganas, joder.

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