Eagle Vs. Shark

Hoy, película interesante. “Eagle Vs. Shark” (2006), de Taika Waititi.

El otro día leí en internet una reflexión de todo a cien sobre los ciegos y los cegatos, una suerte de diatriba sobre la incapacidad y la falta de voluntad de ver (ya saben, no hay peor sordo que el que no sabe oler y filosofía comprada en un marché aux Puces de barrio con Carrefour). El caso es que algo de razón debía de tener porque pensando, pensando, no es difícil encontrar situaciones en las que uno no se da cuenta de lo que sucede a su alrededor o, peor todavía, la persona querida es incapaz de ver que uno está ahí, bien visible, presente, single and searching.

Algo de esto se trata en “Eagle Vs. Shark”, personalísima comedia sobre el amor disfuncional entre una joven a la que acaban de despedir de una cadena de fast food y un nerd obsesionado con los videojuegos, las artes marciales y una vendetta pospuesta.

Esa especie de Eva Hache neozelandesa que es Loren Horsley compone un personaje tímido, raro, desubicado, en una historia que a la postre coescribe con el director, una slice of life del otro lado del amor, el de la gente normal. Mientras tanto, en otra parte de Nueva Zelanda, Jemaine Clement da una lección sobre cómo llenar la pantalla y caracterizar a un personaje sin mover un músculo ni decir una palabra sin ser Marlon Brando ni Brad Pitt.

A la sazón, la inabarcable fe y amor al amor del personaje de Lily choca con la tozudez de Jarrod, empeñado en llevarlo todo al extremo, empecinado en saldar cuentas que no importan ya a nadie mientras deja pasar el tren de su vida. Situaciones cómicas protagonizadas por excéntricos, carisma a raudales y una película diferente con que sorprender a nuestras amistades, hartas ya de pronunciar “Kaurismaki”, “Mizuno” o “Rasmatás”. Démosles en los morros, copón bendito.

“Eagle Vs. Shark”, comedia romántica postmoderna con acento divertido.

Internet es un arma cargada por el diablo en manos de un mono con déficit de atención y trastornos de la personalidad. Manéjenlo con cuidado.

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En otro orden de cosas, aquí venía una reflexión concienzuda sobre la vida en general a raíz de algo que me había pasado a mi en particular. Hagamos ver que así es, asientan con complicidad y gesto de “dios mío, cuánto sabe y qué bien escribe este chico” y continúen visitando flogs de gente con fotos de su escote en plano picado.

Circueln, no hay nada que ver.

Número de familiares en el extranjero: 1. Cuanto más caro, más fácil de estropear. Máxime si le tiras un Tim Hortons por encima.

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