The Rapture

Vueltas y más vueltas en la cama. Una. Dos. Tres.

Tengo la sensación de querer hacer mil cosas. Y puedo. Pero me siento frente al ordenador y caigo en las tres o cuatro de siempre. Siempre he sabido que funciono mejor bajo presión y cuando tengo otras cosas que hacer. Caminos al infierno.

Pajareo por internet y echo de menos un rumbo fijo, doy vueltas por la casa y echo de menos algo más de luz, leo un libro y echo de menos mis gafas. Vueltas, y vueltas, y más vueltas…

Mil ideas, todas buenas, cuatro días por delante y otros cuatro después. ¿Y después? Otro día más, y otro día más y otro día más y vuelta a empezar. Otra vez. Otra vuelta.

Mientras llega el momento y no, escucho canciones de siete minutos que hacía tiempo no escuchaba. Me dejo seducir por los encantos del aleatorio y la mirada se pierde entre libros, buscando nuevas presas. Mientras llega el momento.

Estoy en casa. En tu casa. En la mía. Y voy a salir a comprar leche y un par de cosas más, aprovecharé para pensar en Neptuno, Bernini y andamios, la emoción del momento en que volviste a Roma y cómo no te podías contener, con la ilusión de una niña de siete años, y leeré el periódico y volveré. Pero no estarás. Y daré más vueltas, como un tigre en celo en una jaula de oro. Dando vueltas. Y más vueltas, y más vueltas.

Vuelve pronto.

Número de familiares en el extranjero: 1. .gif

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