12 Monos

Semana Temática: “Aquí Dentro Están Todos Locos” (1)

Hoy, “12 Monos”, por Terry Gilliam (1995).

Vale más caer en gracia que ser gracioso. Lo he pensado toda la vida. No importa lo mal que lo haga alguien que nos cae bien, siempre encontraremos justificación para sus actos o elecciones. De la misma manera, qué más da lo bien que lo haga o lo oportuno que esté alguien a quien no podemos ni ver. Por ejemplo, Zaplana.

Es fácil hacer de enfermo mental, y es además fácilmente premiado. En numerosas ocasiones otorgamos el mérito de la interpretación a un mero cambio de registro por parte del actor (Charlize Theron en “Monster”, por poner sólo un ejemplo), pero el esbozo de locura que plantea Brad Pitt sirve para deleitar al espectador, tanto detractor como fan declarado.

Pone el contrapunto el guapo Pitt a la imaginería de un Terry Gilliam que (esta vez sí) conjuga su personalísima visión con la comercialidad que sin ofender transpira la cinta. Remata el equilibrio la tensión que siempre ofrece el papel del loco que trata de convencer al mundo de su cordura en manos de un más que correcto Bruce Willis, al servicio de un guión con aristas pero que no marea al espectador.

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En otro orden de cosas, ayer se celebró un referendum en Arenys De Munt, y yo que me alegro.

Se pueden extraer decenas, cientos, miles de lecturas de lo que ayer sucedió ahí, pero la única realmente objetiva es que el 97% del 33% de la población mayor de 16 años de Arenys De Munt está a favor de ser una nación propia, independiente y aparte de esta que llamamos España.

No por esperado era menos esperado el resultado. Me explicaré: yo siempre he pensado que es absurdo tratar de pertenecer a un sitio donde sé positivamente que no me quieren (el síndrome del vegetariano en la hamburguesería), del mismo modo que es ridículo tratar de mantener cerca a quien no quiere estar a tu lado. Así pues, que cada uno esté donde decida y le dejen, y la verdad es que tenía muchas ganas de que alguien tuviera la voluntad, la valentía y el permiso oportuno para preguntar de una vez por todas al pueblo qué es lo que opina.

Tras los resultados de ayer e incluso antes de conocerlos, no pocos alcaldes de localidades catalanas han demostrado su deseo de plebiscitar en sus propios municipios y bien que me parece a mi, que considero ridículo que sólo nos pidan la opinión tres veces cada cuatro años. Y no me cabe duda alguna de que la gran mayoría de estas votaciones reflejará grandes mayorías de síes a la independencia, lo que sin duda alguna pondrá encima de la mesa por fin el tan recurrente tema a un nivel que trascienda lo teórico.

Pero no tiremos coets ni focs d’artifici todavía. Si el sentido común incita a pensar que un referéndum global (y vinculante) es ya sólo cuestión de esperar a que madure la fruta, me resulta más difícil pensar que uno “bueno”, uno de verdad, salga adelante. Una decisión tan importante dentro del contexto de una nación de derecho se toma por las armas o por las urnas y no creo que el Gobierno central se deje ganar la partida en ese aspecto. El mismo sentido común me incita a pensar también que Madrid impondrá (si hace bien las cosas) que la vinculación del resultado esté a su vez vinculado a un factor como es la participación. Y ahí está la trampa.

El soberanismo catalanista sobrevive, como todas las posiciones políticas y opiniones, gracias a la visibilidad. Alguien que se manifiesta independentista, aunque sea mínimamente, hace de ello una parte importante de su vida, si no el eje central que condiciona su día a día. Esto, que se me entienda bien, sucede en la misma medida con la pertenencia a un partido político, a un equipo de fútbol, la homosexualidad militante o cualquier cajón en que nos queramos meter de manera voluntaria. Eso nos lleva a que quien es independentista (como quien tiene carnet de afiliado al PSOE o es del Atleti), manifiesta su independentismo, su socialismo o su atletismo en cuanto tenga ocasión. Si alguien me pide la opinión al respecto me movilizaré, pero si mi postura es tibia me moveré solamente si me pilla de camino a comprar el periódico de los domingos o si me da por ahí.

Movilizar al 19% de la población catalana que según las últimas encuestas está interesada en poner punto y ser un aparte no requiere ningún esfuerzo, ya lo harán ellos solos, que para algo llevan tanto tiempo deseando esa oportunidad. Convencer al resto del electorado para que, no digo algo tan complicado como que cambie su opinión, sino para que se levante y la manifieste votando, dotando por tanto de credibilidad, sentido y legitimidad al resultado: ese es realmente el caballo de batalla con que habrán de luchar los soberanistas, y no con trabas del Estado o manifestaciones de antipatía de mayor o menor índole.

Y esa es la batalla que habrá que ganar si se quiere conseguir la independencia. En caso de que eso sea lo que realmente quiere el pueblo.

Número de familiares en el extranjero: 1. D is for delightful.

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2 comentarios en “12 Monos

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