Camino

Hoy, película interesante, “Camino”, por Javier Fesser (2008).

Soy el más moderno de la tribu, de eso no cabe duda. Ser el más moderno de una tribu de 732 miembros no es tarea difícil, es por ello que de vez en cuando bajo al mainstream a relajar la pose y ver qué se cuece.

En la recámara desde hace bastante tiempo, en mi último trayecto en autobús decidí ver la historia de Camino, la niña que arranca unos merecidos aplausos mientras Jesús pierde, por decisión propia, los que le corresponden.

Fesser no se sale de la senda que él mismo se ha marcado: un sentimentallismo relativamente fácil de conseguir, unos FX razonablemente bien integrados en una historia sobre la que no prevalecen y unos detalles de humanidad, realismo y verismo que en este bendito país, no nos engañemos, a día de hoy sólo están destinados a conseguir Almodóvar o Berlanga.

A esto le sumamos un guión que navega entre las siempre difíciles aguas del documental y la ficción se pone a disposición de la guapérrima Nerea Camacho, la contenida y emotiva Manuela Vellés, un padre de carne y hueso como Mariano Venancio y la que sobrevuela por encima de todos, con un trabajo que sobrepasa la pantalla, la sobrehumana Carmen Elías, respaldados por unos secundarios de carne y hueso como Lola Casamayor y Claudia Otero.

Ambos padres dan en pantalla una lección de abnegación y humanidad desbordada ante un problema de imposible solución desde dos frentes bien diferenciados, si bien la cámara adopta una preferencia maniquea y en absoluto indiferente. La abnegación muda del padre opta por no chocar frontolateralmente con la abnegación de la madre, sirviendo una tragedia no exenta de… bueno, no sé qué quería decir exactamente, pero mola la expresión “no exenta”.

En definitiva, una película entretenida y para pasarse la tarde del domingo debatiendo sobre lo bien o lo mal que va el mundo.

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En otro orden de cosas, la cosa se pone bien. Por fin tenemos televisión en casa. Bueno, antes teníamos televisión, dos de hecho, pero es que ahora funciona y se ven programas en ellas. En una, al menos. El siguiente paso es internet gratis y el siguiente conquistar Berlín.

Ayer me corté el pelo en una de las dos peluquerías del pueblo (las tres necesidades básicas estan cubiertas, algo es algo), con un estilo que se podría definir como “a lo Piqué salvando las diferencias”. Me gustó bastante, a pesar de una peluquera literal. Cuando le dije que el pelo, al crecerme, no me quedaba bien “ni para atrás” me respondió “claro, como te crece hacia adelante”.

Y sí, en la foto dice “Chipirón Sucio”.

Número de familiares en el extranjero: 1. Trato extremo, trato extremo, ¡TRATO EXTREMO!.

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