Let It Beep – Royal Bangs

Hoy, buena música, “Let It Beep”, por Royal Bangs.

Hay pocas cosas tan agradables como desayunar una hamburguesa en la cama de un hotel decadente de Madrid en año nuevo. Descubrir un grupo como Royal Bangs no es una de ellas, pero el marco era ese y me apetecía meter a Richard Strauss y la palabra “pepinillo” en la misma oración.

Royal Bangs es un grupo que no le va a cambiar a nadie la vida, mucho menos si tenemos en cuenta que es un grupo que en general suena a muchas cosas ya conocidas; suenan a TV on the Radio por las capas de sonido domadas por la melodía, a Vampire Weekend por el sentido del ritmo y el desenfado y a Atlas Sound por la distorsión, y el batido de electrónica con fuzz. A esto le sumamos el que tengan temas totalmente prescindibles como “Brainbow”, la majarada estilo Superfurry de “Gorilla King” o el innecesario inserto de “Conquer II” y la verdad es que empezamos mal, pero…

Pero el arranque como el Beck de los buenos tiempos (los de antes de colgarse la acústica) de “War Bells”, la querencia a los Rapture más comerciales o los U2 menos comerciales (léase Pop) de “My Car Is Haunted”, la salida del armario para entrar en el garaje de “1993”, los guiños a los juegos vocales de Beach Boys via Bishop Allen de “B & E” o la locomotora con ladrido final que tan bien encajaría en el cancionero de Animal Collective que es “Maniverse” les colocan en posición de play. Mención especial merecen esos tres temazos que suponen el empuje trotón de “Poison Control”, la mirada de reojo a Vampire Weekend de “Shit Xmas” o la soleada melodía entreverada en capas y capas de distorsión de “Waking Up Weird”, que les aseguran sus tres minutos de gloria en la pista de baile.

De acuerdo, no es el grupo del siglo ni el disco del año, pero garantiza mover la cabeza o los pies y que al menos un par de melodías se peguen en la parte posterior del cerebro lo cual, para los tiempos que corren, tampoco es tan poco, ¿no?

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En otro orden de cosas, mi padre y yo coincidimos en que tal vez no haya sido tan buen movimiento comprarme un coche. Ambos añoramos el acuerdo nunca verbalizado, el ritual tácito pero no escrito de descubrir que el otro nos había rellenado el deposito de diesel. Me acuerdo mucho últimamente de mi padre, sobre todo cada vez que paso frente al gigantesco kakhi que hay camino de las piscinas y que me recuerda al que se encontraba en la fábrica de Tobed. nunca me gustó esa fruta. De mamá también me acuerdo, por supuesto.

Ya está casi todo en su sitio. La ropa está elegida y lavada, los pelos down the drain, el menú listo, las rodillas aguantan, las piernas se sienten pesadas ya pero las articulaciones no se quejan, la respiración está entrenada para empujar en lugar de para restar, la molleta de la cara interna de los muslos es duro músculo, los tobillos están firmes y elásticos, el corazón no se rinde y pide un kilómetro más (el corazón siempre me pide más), el paso se adapta con naturalidad a los cambios de tempo de la música y la música… la musica está en su sitio también. 2 gigas, 1,3 días de duración, 514 canciones; canciones para un buen arranque, canciones para doblar esquinas, para adelantar, para cuestas que suben, canciones para no desfallecer en rectas que no terminan nunca, canciones para cruzar metas.

Los tractores vuelven a casa pronto, el cielo se tiñe de malva, los huecos en el empedrado apenas se ven, los perros ladran tras las vallas. Dos vueltas más y a casa.

Número de familiares en el extranjero: 1. PO’s and Zip Codes

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