Black Swan

Hoy, cine de mierda.

“Black Swan″ (2010), por Darren Aronofsky.

Black Swan: Oscar a la mejor actriz, mejor diseño artístico y de dirección, mejor fotografía, mejor maquillaje y mejor diseño de vestuario. Ratzzies a la peor película y el peor director

Hace falta valor, ya lo decía Radio Futura. “Black Swan” es la típica película de Aronofsky: personajes atormentados, búsqueda de la felicidad al margen de los cauces convencionales, conflicto materno, dark edge of life, puesta en escena preciosista, blableblibloblú. Es la típica película de Aronofsky con un plus, y ese plus se llaman Natalie Portman y ballet (pronúnciese “ballei”).

Portman, la guapa más normalita de Hollywood está soberbia, convincente, firme, regia, sobrenatural y creíble toda ella desde el minuto uno, aguantando solita la película. La ves sufrir y te la crees, la ves llorar y te la crees, la ves bailar y se te quita de la cabeza el destrozo que hicieron con Cate Blanchett en “El Curioso Caso…”, la ves ser una hija de puta y te la imaginas subiendo las escaleras del Kodak Theater el próximo 27 de febrero. Está para ponerle un piso en la Castellana, además.

A esto le sumamos el ballet, y es que “Black Swan” es capaz de transmitir pasión por el baile, se recrea en cien detalles que la hacen plausible y nos meten entre bambalinas, es magistral en su perfección a la hora de rodar un paso de ballet desde dentro, es brutal lo cojonudamente bien hechas que están las escenas de baile y uno sólo puede pensar en la cantidad de horas de trabajo, en el mimo y la devoción que hay tras la cámara. Vamos, que a uno le entran ganas de dejar el pseuo-funcionariado y ser Billy Elliot para los restos.

Pas de deux, plié, plié, pirouet, croissant

¿Por qué es cine de mierda y no una película interesante, entonces? Porque es la típica película de Aronofsky: unos personajes tan llevados al extremo que cuesta creérselos, moraleja de cuento para niños o (lo que es peor) de folleto de autoayuda, una madre que a pesar de su corrección pinta nada o menos, concepción naïf del dark edge of life y metáforas visuales bellas pero dolorosamente obvias.

Blableblibloblú. Vamos, lo de siempre.

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En otro orden de cosas, la carrera por los Oscar me la trae al pairo, para qué nos vamos a engañar, pero me estoy tragando de manera involuntaria lo que parecen ser todas las candidatas. Y me están gustando, que es lo peor. En un año bastante flojo, los tuertos se van a coronar, y la cosa empieza a dar miedito si la next best thing en materia superheróica es “The Green Hornet”. A mí, si me quitan a Bruce Lee, cojo a las chicas y nos vamos.

Esta va dedicada a mi fan número uno. Felicidades, que sea por muchos años.

Número de familiares en el extranjero: 2. Tokyo = Kyoto

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