127 Hours

Hoy, cine de mierda.

“127 Hours″ (2010), por Danny Boyle.

127 Hours: decir "mala" es quedar corto. Muy corto

El objetivo de un crítica es dejarle claro al espectador en pocas palabras si debería hacer el esfuerzo o no de acercarse a un cine o a un videoclub o a Megaupload para ver una peli, así que vamos a ser claros desde un principio: no se acerquen a esta película o pueden perder la fe en el cine, el mundo occidental y LSCE. En serio. Ni con un palo de tres metros.

A Danny Boyle le sucede lo que a muchos otros directores antes (Michael N. Shyamalan, Richard Kelly, Tim Burton, ponga usted el nombre del director que le decepcionó aquí…): nos deslumbró con su primer trabajo, supimos ver en él alguno nuevo y fresco y nos mantiene pendientes de todas y cada una de sus películas, expectantes por redescubrir sus (ocasionales) chispas de ingenio. Craso error, el dragón blanco no va a volver por mucho que lo intentemos.

“127 Hours” (a esta no le han jodido los productores la traducción al español) es una película abiertamente mala. Ya nos avisan los títulos de crédito, donde Boyle pretende transmitirnos una sensación de dinamismo, nervio y pulso, pero que se quedan en una sucesión de imágenes que no aportan, explican ni introducen nada. El resto de la película sigue más o menos esos derroteros: impresión de que la película ha sido montada por un estudiante de imagen y sonido con la idea de triunfar en el mundo del videoclip, recursos fotográficos que provocan incomodidad y vergüenza ajena en el espectador, ganas de innovación que provocan la risa y todo muy chapucero, muy quiero y no puedo, muy mal.

El apartado del sonido merece capítulo aparte, ya que parece que Danny Boyle quiera redescubrirnos el uso de la banda sonora, pero la elección de canciones es especialmente torpe, y resulta más una molestia cuando se nota de manera clara que pretende subrayar escenas y servir de soporte dramático; el efecto logrado no podría ser más diferente.

El auténtico Aron Ralston: una imagen vale más que mil palabras; esta, más que un millón

No dudo que la película esté basada en hechos reales y que cuanto se nos cuente ahí haya sucedido de verdad, pero muy mal se nos transmite cuando, después de ver las peripecias de Aron Ralston saltando, corriendo, aguantando la respiración bajo el agua, cayendo desde 40 metros de altura a un lago o de una bicicleta a unos 80 kilómetros por hora sin sufrir heridas, resistiendo la hipotermia, la gangrena, infecciones varias y la deshidratación, mutilándose, fracturándose y realizándose cirugías sorprendentemente invasivas, después de ver esto, decía, y de comprobar cómo aún le quedan ganas de subir al Everest, ganar la Marathon de Nueva York, nadar entre tiburones a pelo, hacer el París-Dakar a pie y la Quebrantahuesos en patinete (todo esto según los títulos de crédito), después de todo esto y más que no sabemos, nos sentimos ligeramente decepcionados al comprobar que no le queda tiempo de descubrir la vacuna del Ébola, lograr la paz en Oriente Medio y País Vasco y ganarle un pulso gitano a Chuck Norris. No dudo que exista gente así, pero muy mal nos lo vende Boyle para que nos resulte tan increíble.

Y algo falla de verdad en la película, porque es cierto que logra en cierto modo transmitir la sensación de ahogo y lucha contra lo inevitable, y James Franco y su guapísima cara nos hacen creernos al personaje, pero me temo que este fue a la misma escuela de teatro que Emilio Aragón, ya que sólo es capaz de poner dos caras: la sonriente y la preocupada. Y si aun así te quedan ganas de defender la película, a los títulos finales me remito: yo soy incapaz de aguantarlos sin sonrojarme siquiera un poco.

“127 Hours” tiene 8,7 estrellas en iMdb y una media de 7,4 en Filmaffinity pero claro, también “Cadena Perpetua” es la mejor película de la historia y “Origen” la séptima. Vamos, que la gente no tiene criterio ni por donde le entre.

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En otro orden de cosas, “no me alegro de la desgracia ajena porque, cuanto mejor esté mi vecino, menos cosas vendrá a pedirme”. Qué gran verdad.

Y aun así, me produce cierto placer culpable ver lo jodidos que están los bancos. Suena a desesperación cuando un banco te preconcede sin haberlo solicitado un préstamo de 6000 euros al interesantísimo (HA!) 10,45%. Irrisorio. A mí, que como lo tengo todo no me hace falta el dinero, me dio por hacer números a ver si me convenía pedirlo para finiquitar otro préstamo que tenía de por medio, no por necesidad económica sino por meter todos los huevos en la misma cesta y esas cosas que no hacen los economistas sabios.

Después de hacer muchas cuentas vi que, si lo solicitaba, acabaría pagando 1200 euros más que si me quedaba como estaba. Descartado. La desesperación por colocarte un producto por parte de los bancos es tal que te intentan convencer de que te hagas con el préstamo porque, aunque no necesites el dinero para nada, siempre puedes tenerlo en el banco por si quieres comprarte algo más adelante. Lo dicho, patético.

Y deprimente, porque si ellos están así de jodidos, el siguiente eres tú.

Número de familiares en el extranjero: 1. Spiderman, Spiderman…

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