La Sensatez y Otras Cosas Que Dan Hambre

Alguien ha muerto en mi casa. Cada vez estoy más convencido.

No lo digo porque haya tratado de comunicarse conmigo ni porque note una presencia; nadie cambia mi champú de sitio, juguetea con mi ropa ni se manifiesta a través de caprichosas manchas en la pared pero cada vez estoy más convencido de que alguien ha muerto en mi casa.

Cada vez que abro la puerta un penetrante olor a ausencia me asola, como una sonora bofetada tras una broma que no tiene gracia. Ese olor se encuentra particularmente asentado en mi nevera, donde hasta la leche que abrí esta misma mañana se ve impregnada por ese aroma. Vivo con ese retrogusto perpetuamente alojado en mi garganta, hasta el punto de que la leche en casas ajenas ha adquirido ya ese sabor para mí.

Estoy seguro de que alguien ha muerto en mi casa porque me despierto a las cinco de la mañana sin motivo alguno, sin sobresalto siquiera, como si fuera lo más normal del mundo, y a través de una de las cuatro puertas de mi cuarto percibo que una de mis compañeras de piso rebusca inquieta también un motivo por el cual no debería estar dormida; todo en vano, ya que lo natural es que el sueño no se instale en una casa donde alguien ha muerto.

Y digo que alguien ha muerto en mi casa también porque la comida se pudre a una velocidad sorprendente, la fruta y la verdura se pasan sin dar tiempo a ser comidas y el agua deja un regusto a poso y a cosas viejas. Los fondos de las botellas acumulan sedimentos un día después de haber sido llenadas, y todas ellas muestran una fina película de polvo en su interior, como si este se acumulara por dentro, como si estuvieran tristes porque alguien hubiera muerto.

Sé que alguien ha muerto en mi casa porque la cama me llama a todas horas del día, porque el tiempo pasa muy despacio y las campanas tañen hora tras hora, porque el exterior no tiene nada que ofrecer, como si este pueblo también hubiera muerto en casa de alguien, porque he olvidado lo que es el hambre.

Algún día bajaré y preguntaré a los dueños quién de las personas que pueblan las fotos de esta casa es la que ha muerto, no por curiosidad ni como un estúpido intento de sentir simpatía o algún tipo de conexión, no; algún día bajaré y preguntaré a los dueños porque no soporto más vivir sin la certeza de que alguien ha muerto en mi casa.

5 comentarios en “La Sensatez y Otras Cosas Que Dan Hambre

  1. Todo bien Mr. Lovett, como dicen en Cuba, no nos podemos quejar…😉

    Usted ha conseguido sacar futuras personas de provecho de entre la jovial muchachada??… jeje!…

    Saludetes mil

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