Killer Virgin Road

Hoy, película interesante. “Killer Virgin Road” (2010), de Goro Kishitani.

Los asiáticos, qué risa. Ni los japoneses son tan chinos, ni todos los chinos son iguales, pero barreras culturales nos separan y hacen que no comprendamos según qué códigos o corrientes internas cuando leemos tal libro o vemos cual película (aún espero que alguien me explique los insertos de texto en “Battle Royal”). “Tetsuo”, “Old Boy” o la ya nombrada “Battle Royale” son clásicos modernos, pero no del gusto de gran parte de nosotros, público occidental que siente que se le escapa algo.

No sucede así en “Killer Virgin Road”, una comedia que narra la odisea de Hiroko, una joven que ha de desposar en semanas pero a quien la desgracia golpea en forma de accidente que acaba con la vida de su vecino y secreto admirador. Hiroko decide deshacerse del cadáver arrojándolo al monte Fuji pero, de camino, atropella a Fukuko, abortando el intento de suicidio de esta última. Fukuko decide unirse a Hiroko e intentar cumplir ambas su deseo.

Las situaciones imposibles se suceden escena tras escena, mientras el fatalismo persigue y se ceba con la inocente protagonista. El slapstick, el surrealismo y el frikismo oriental se dan la mano para un disfrute sin pretensiones, en una referencia que dejar caer para quedar de cultureta sin perder la sonrisa un día tonto que no den nada por la tele.

Y dicen los de tomadivx que la puede usted encontrar aquí previo registro.

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En otro orden de cosas, los accidentes suceden por algo. La serendipia juega un papel importante, y si no que se lo digan a Marie Curie y el inventor de los Post-It.

Ayer mis alumnos tuvieron examen de lengua y, por error, se fotocopió una hoja extra, en blanco. Me vino al pelo para aquellos que no quieren estudiar y entregan el examen sin escribir más que el nombre y los listillos de turno que tardan menos en completarlo que yo en prepararlo; cuando lo entregué, me preguntaron que para qué servía, así que improvisé que para aquellos que terminaran antes de hora pudieran entretenerse dibujando lo que quisieran o escribiendo la lista de la compra. Mis alumnos, muy literales ellos, pusieron más empeño en completar ese extra inesperado que en el examen en sí, pero cual fue mi sorpresa al ver que dos habían decidido dibujarme.

Esta es la imagen que mis alumnos de 1º de ESO tienen de mí.

Javi, 12 años. Me sobran músculos y me falta lo que la firma tapa

Estela, 12 años. Le caigo bien, a pesar de lo que parezca

Mola.

Número de familiares en el extranjero: 1. Tic-tic-tic-tic-boom!

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