Superhéroes de barrio

Dormir con la ventana abierta tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Dormir fresquito en una ciudad ventosa como la mía está entre las primeras, que te enteras de todo lo que pasa en la calle, entre las últimas.

Rondaban las cinco de la mañana cuando me ha parecido oir a alguien llamando a gritos a otra persona. Llevo cinco días escuchando cómo alguien llama a gritos a otra persona, toca la guitarra o proclama a los cuatro vientos su amor por el universo en inglés, así que tampoco me he sobresaltado especialmente. La tercera vez que ha pasado por debajo de mi ventana me ha quedado claro que ese alguien estaba buscando a un animal y que estaba llorando visiblemente.

Tampoco es que estuviera haciendo nada interesante, ya ves tú, dormir es algo que sólo hago todos los días, así que me he puesto unos vaqueros encima del pijama, me he calzado, he cogido unas salchichas de la nevera y he salido a la calle a ver si podía hacer algo. La chica en cuestión llevaba una hora buscando a un labrador de dos años y estaba desesperada, le costaba articular palabra. La he mandado al portal de su casa para que comprobara que el perro no había vuelto ahí (siempre hacen eso) y me he metido en el primer descampado que he visto. Poco, muy poco me ha costado encontrar al perro, escondido entre unos cartones. Al principio estaba bastante recelosa, normal, tenía pinta de haberse escapado un par de veces y que le hubieran echado la bronca al volver. Dos salchichas después, era su mejor amigo.

No voy a decir nada de la satisfacción que produce ayudar al prójimo ni lo clásico de que no esperas recompensa alguna ni lugares comunes por el estilo. En el fondo, todo es bastante egoista: lo haces porque esperas que alguien lo hiciera por ti en la misma situación. En cualquier caso, mis padres me enseñaron que hay que hacer siempre lo correcto, que quedar bien no cuesta nada y que hay que ser bueno, ya hay demasiados hijos de puta sueltos por el mundo.

Y de acuerdo, dejar esto por escrito le quita cualquier valor que pueda tener a la cosa, las buenas acciones te recompensan por dentro y publicitarlas te resta puntos, pero en teoría venía Santi hoy a pasar la tarde en la piscina y no ha venido porque hace un día de mierda, llevo todo el día sin hablar con nadie y me apetece un poco de no-contacto humano, creo que me lo he ganado, ¿no?.

Número de familiares en el extranjero: 1. Ebastel.

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EDIT.

Un par de días después me volví a encontrar a la chica paseando a la perra. Era mediodía y a ella le costó un par de segundos en reconocerme, la perra me reconoció en seguida. Me dio las gracias y me dijo que no habría sabido que hacer si no la hubiera encontrado, que la quería mucho y que era todo lo que tenía en este mundo. Me sentí genial, alguien digno de recibir el premio de la Fundación Vicente Ferrer o un Príncipe de Asturias, pero sólo durante medio segundo, lo que me costó darme cuenta de que eso, en realidad, es algo terriblemente triste. Depositar toda tu alegría en una sola cosa, en una sola persona, en un solo hobby, en un solo sitio, es algo que te puede llenar completamente pero que, cuando ese algo desaparece, te deja completamente vacío, completamente solo.

Da que pensar, ¿eh?.

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