16,45, Hiroshima Station

Son las 16,45 en un restaurante de la estación de trenes de Hiroshima, una hora muy rara para comer para un japonés, o para cenar, tanto da, así que pongo a funcionar la imaginación e intento adivinar qué hace esa mujer comiendo sola a estas horas.

Ella tendrá unos 35 o 40 años, es difícil de saber ya que no soy demasiado buen fisonomista, viste camisa azul y traje-pantalón, pelo recogido en un pequeño moño, lleva una pequeña cadena dorada al cuello por todo accesorio, se le ve guapa hasta sin maquillar y no sé si las bolsas bajo sus ojos obedecen a trabajo, cansancio o son un rasgo más. Se puede apreciar que hace un rato ya que ha terminado de comer y que está haciendo tiempo. No hace falta ser Sherlock para rodar el resto de la película, pierdo el interés y sigo a lo mío.

No termino de acostumbrarme a la etiqueta con el asunto del tabaco, así que me resulta extraño encenderme un cigarro del paquete que compré el jueves en Osaka en un arranque de tontería y ligero achispamiento. Soy experto en establecer los propósitos mas grandes que pueda, así saben mejor cuando me tengo que tragar con patatas los que no me caben directamente por el culo, y cuando bebo me olvido de que no fumo.

Miro el humo distraído mientras me pregunto si es la primera vez que alguien come en este sitio mientras escucha al Columpio Asesino, tengo esas cosas. Giro la cabeza un poco y descubro con sorpresa que lo que en un principio había confundido con una maleta es en realidad un carrito de bebe. La anterior mujer de negocios, repentinamente convertida en madre, mira con desprecio al ocupante del carrito. No estoy lo suficientemente familiarizado con la raza nipona como para adivinar la edad o identificar como interés el que una chica se toque el pelo cuando te mira, pero lo que hay en la expresión de su cara no es amor, ni vacío, ni siquiera aburrimiento. Es simple desprecio. Claro e inequívoco.

Son ya las 17,10, estoy un poco  ebrio por la Ahari que me he tumbado mientras comía y no quiero perder el tren (una vez más), así que cruzo los dedos como señal para pedir la cuenta, recojo la cámara y la libreta de notas y me acerco a la registradora para pagar.

Cuando salgo miro otra vez en dirección a la madre, con cierto miedo de volver a ver el horror en sus ojos, pero se ha levantado de la mesa y se ha ido ya. Me consuela comprobar que no se ha dejado el carrito. Nacho Vegas canta “Ocho y Medio”, es hora de volver a Tokyo.

Numero de familiares en el extranjero: tú, que estás leyendo esto.

Un comentario en “16,45, Hiroshima Station

  1. farrah in disguise dijo:

    Me acabo de levantar de una siesta calurosa y pesada, leo esto y, coño, la verdad es que escribes bien. Siempre pienso que tienes un tono un poquito pretencioso pero siento que en gran parte es una pose defensiva (permíteme que te lo diga que hay confianza). Estoy un poco espesa como para hacer un derroche lingüístico y sólo diré que últimamente me apetece elogiar a quién lo merece. Sigue observando.

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