Plane Etiquette

Amo a mi padre por encima de (casi) todas las cosas. Él me dio la paciencia y un metabolismo capaz de sobreponerse a lo que le eches encima, nada tiene que ver con el cuarto mandamiento.

Dos vuelos enlazados, haciendo un total de 16 horas en el aire y un cambio de 7 horas en el huso horario le joden el ciclo circadiano a cualquiera, pero no a mí. Yo aguanto lo que haga falta, y soy capaz de bajar de un avión y hacerme un Udón como el Altísimo manda si es lo que dice el reloj, pero todo tiene un límite.

El vuelo de vuelta es otra cosa, me espera por delante un fin de semana con gente a la que llamo mi familia y que me ha visto en las buenas y en las mejores, pero hay que mantener ciertas formas, así que decido darme un poco de descanso. Me conozco y sé que será imposible dormir por culpa del maldito instinto guardián, que me hace estar alerta por si acaso hay una emergencia y es necesario pilotar el avión, así que lo más inteligente es hacerse un M.A.

17 de agosto, 12,30 de la mañana según mi reloj interno, tercer Gin Tonic, a dormir.

Número de familiares en el extranjero: 2. Cheers, mates, sleep tight.

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