Motu Proprio

Sé que ya no lees esto pero hace unos días dije que te daría un par de explicaciones y ya quedan pocas cosas que no cumpla. Cuando era bien pequeño me di cuenta de por qué mi padre se levantaba todas las mañanas hasta desfigurarse la espalda y destrozarse el hombro, así que me propuse sacar el máximo partido a la educación que me pagaban, ignorando las invitaciones a cumpleaños y el acoso de mis compañeros, perdiéndome de paso la parte de mi adolescencia que los demás habéis dedicado a aprender cómo se juega a eso de vivir en sociedad a cambio de hacer morir de orgullo a mi madre cada vez que no le pido dinero y ve que estoy bien alimentado. No importa. Lo volvería a hacer un millón de veces. Ya en segundo año de carrera (cuando mis propios compañeros de clase dejaban de preguntarme si todavía iba al instituto) vi la vida por un agujero, me eché mi primera novia y perdí la virginidad en un acto que tuvo más de patético, torpe y desesperado que de tierno o memorable y empecé a salir y a beber. Y me fijé mucho en toda la gente a la que la otra gente decía escuchar para ver cómo se hace eso y aprender a ser uno más. Salir del cascarón en edad de votar, qué bonito. Pero el daño ya estaba hecho. Es por el hecho de no haber querido juntarme con gente cuando tocaba que no sé socializar y tengo que sobrecompensar ese vacío, engañándoos a todos y haciéndoos creer que soy encantador. Es por eso que nunca sé cómo reaccionar cuando me presentan a alguien y estoy sudando todo por dentro a pesar de lo que pueda parecer. Es por eso que me bloqueo y no sé de qué hablar cuando se me acerca una desconocida en un bar, aunque sea a pedir fuego y sólo a pedir fuego. Es por eso que te puedo parecer un tío genial y charlatán y que se me puede llevar a cualquier sitio cuando en realidad me quiero morir por dentro y que parezco torturado cuando más a gusto estoy. Es por eso que nunca le he dicho a nadie que me gusta si no es muy al final de la noche. Es por eso que fumo y bebo y bailo hasta hacerme daño y romperme los pitillos, regalándome un hueso que me hace olvidar cuánta gente hay en el bar. Es por eso que parezco desagradable, cortante, arisco, payaso, torpe, bruto con la gente a la que más atractiva encuentro. Es por eso que a veces vuelvo a casa a las siete de la mañana, recuerdo que he mantenido una conversación de un minuto con alguien y considero la noche todo un éxito y me entran ganas de llorar. Es por eso que a veces lo hago. Es por eso que a veces sólo busco un poco de contacto humano y termino despertando en camas ajenas, dándome igual todo lo demás. Es por eso que siento que me podría enamorar de cualquiera. Es por eso que no sé qué es ser un buen amante. Es por eso que a veces no he llamado. Es por eso que sólo me siento cómodo en ciertos sitios, en ciertas circunstancias. Es por eso que te hago daño cuando me creo que te estoy haciendo feliz.

Número de familiares en el extranjero: 2. Ruta establecida, maleta facturada.

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