El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace

Hoy, cine de mierda. “El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace” (2012), de Christopher Nolan.

Sabes que algo ha ido mal en una película cuando a la salida comentas que lo mejor ha sido la Coca-Cola Zero que te has bebido mientras la veías, porque hasta las palomitas estaban hechas con menos amor que la merienda de Oliver Twist. Son tantas y tantas las cosas que se han hecho (MUY) mal en el capítulo final del reboot de Batman que cuesta enumerarlas siguiendo un orden lógico, así que trataré de hacerlo desde lo más básico y elemental hasta los detalles más insignificantes. Abróchense los cinturones. Mantengan los brazos dentro de la atracción. Vigilen, les puede salpicar la mierda.

Uno de los grandes valores de los dos episodios anteriores de la trilogía de Batman era el tratamiento de los personajes y la estructuración narrativa; Nolan conseguía que películas que superaban con holgura las dos horas no se hicieran en absoluto pesadas y la culpa era de Aristóteles. La ficción de héroe se basa en el conflicto, y este siempre era planteado en tres partes: presentación del antagonista al protagonista, encuentro central y medición de fuerzas/declaración de intenciones y enfrentamiento final. Tres encuentros, tres combates. De esta forma, los personajes crecen y la obra completa se construye en un entramado de climax y anticlimax que dan sensación de redondez y de producto acabado. Bien. ECOLLR prescinde de una de ellas y lo sustituye por un planteamiento más típico de James Bond (arranque fuerte, poca interacción con el villano, festival del gadget), con lo que la historia queda coja, los personajes pierden profundidad y el espectador tiene menos chicha, para entendernos. Pasemos al siguiente nivel.

El guión sobreexplica lo que está sucediendo en pantalla (“quiero conseguir esto, que sirve para esto, porque me pasa esto”, dice a grandes rasgos uno de los personajes principales en un momento dado) y contiene frases de puro chiste (aunque esto se puede atribuir a una mala traducción sin más, la línea “si no hay armas no matamos” chirría a más no poder), pero retrotraen al infantilismo con que el personaje fue tratado en la década de los 90. La película presenta además una serie de mensajes sonrojantemente naïf (plural naïves) y estúpidamente evidentes, a saber: los ricos viven demasiado bien, esto está muy mal repartido, el pueblo no está preparado para estar en el poder, capitalismo caca, Facebook no, las armas matan, salvad a las ballenas. Y juro que no me invento ni exagero nada. Todo de lo más tonto y embarullado. A este sentimiento de simpleza contribuye el dramatis personae, siguiente punto.

Bane versión comic y Bane versión película. Aquí un huevo, aquí una castaña.

“El Caballero Oscuro”, capítulo previo, es una película como un trailer de 18 ruedas de grande y una grandísima parte de su peso recae en los hombros de Heath Ledger. Este señor hace una interpretación DEL COPÓN DE LA BARAJA SANTÍSIMA tomando como base un personaje con carisma, algo de lo que carece absolutamente el villano de la última entrega. Bane, en el comic, es un hampón cachas que se droga para conseguir fuerza extra y músculos que no existen en la anatomía humana, en la peli es un tipo cachas sin motivación alguna: viene de una cárcel de ¿Asia? ¿África? a destruir Gotham porque ¿le pillaba a mano? ¿se confunde con New York y eso le provoca frustración? ¿le gusta joder la marrana y punto? con un mensaje de ¿anarquía? ¿anticapitalismo? ¿libertad? para terminar en otro montón de interrogantes. Mala elección.

Otra mala elección es doble pero se resume en una palabra: Catwoman. Dar peso a un personaje femenino es un error. Guarden sus fuerzas feministas para la quema de sujetadores, que voy a matizar. El mundo de Batman es eminentemente masculino, y es que hay que ser muy hombre para acostarse con tu protegido, este… está basado en la figura del machorro y toda aproximación al lado femenino ha devenido en una serie de personajes a medio cocinar y que han acabado por no tener apenas peso o relevancia real (Catwoman, Batgirl, Oráculo, etc… el único personaje femenino realmente interesante es la agente Ramírez y en la segunda parte está tremendamente subvertido). La segunda cara de esta moneda es que el papel está interpretado por la bizca preferida de Hollywood, Anne Hathaway. Esto ya es cosa mía, pero no me creo a la princesa por sorpresa como personaje de acción (ya no digamos con ganas de aportar algo interesante) y la prueba está en que desaparece por completo durante la hora central de película sin que el espectador ni la historia ni el resto del reparto la echen de menos lo más mínimo. Al menos le da una explicación convincente a las orejas del disfraz. El que no se consuela es porque no quiere.

Batman ha sido, de siempre, un comic basado en y orientado hacia los personajes eminentemente masculinos. Muy masculinos.

La relación entre Alfred y Bruce se lleva al terreno del sonrojo, se sustituyen los mordaces e inteligentes intercambios por conversaciones sin sentido, explicaciones de cosas que perfectamente podrían darse por entendidas y un viraje de “padrastro-hijo” o “mentor-alumno” a “madre histérica-adolescente rebelde” que hacen que o bien me revuelva incómodo en la butaca o bien me sienta decepcionado de que, al terminar la escena, no se hayan morreado como Dios manda. Spoiler: no termina sucediendo. En cualquier caso, hay más tensión sexual entre estos dos que con cualquiera de los dos personajes femeninos y el resultado es que uno de los grandes puntos fuertes del personaje se diluye totalmente, dejándonos con la única explicación plausible de que a Michael Caine le pagaban por minutos e hicieron corto en el presupuesto.

Homophobic Seal opina sobre la relación Alfred – Bruce.

En el haber de la película podría decir que hay un par de twist medio interesantes (el último es a-bo-mi-na-ble), que el primer (de dos) encuentro Batman-Bane no está mal coreografiado del todo, que las motivaciones de los secuaces son de lo más potable del guión, que al menos no hay versión 3D y poco más, en mi cabeza pesan más el gordo que da el puñetazo al aire, la novela del comisario Gordon y la afición de Bane por sujetarse la solapa del abrigo (buen punto, Tom). Una película de acción que dura tres horas menos cuarto, empieza realmente a la hora y treinta y cinco de metraje (HORA Y TRENTA Y CINCO) y no tiene absolutamente ninguna escena memorable no merece los cinco euros que pagué por verla. Sáquenme de mi error si es que estoy en uno.

Has pinchado en hueso, Chris. No te lo tendremos en cuenta. Por esta vez.

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En otro orden de cosas, me voy, no volveré por aquí hasta dentro de unos días. Espero. No se me ocurre nada interesante ni inteligente que decir. Así que me callo y dejo un enlace a Youtube de lo más random. Que ustedes lo pasen bien.

[http://www.youtube.com/watch?v=AWoamhajx_s]

Número de familiares en el extranjero: 3. 3 hermanas, 3 clavijas, 3 hijas de Elena, 3 tristes tigres. ¿Lo convertimos en 4?

Un comentario en “El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace

  1. Elia dijo:

    Me he reído un montón leyéndote, he llegado a tu blog de casualidad y estoy fascinada con tu forma de escribir. No sé si seré capaz de parar (de leerte).

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