Nessun Ufficio Mi Basta

Completamente muerto por dentro. Llevo un buen rato mirando un punto fijo en la pared. O en el mueble, no sé. La segunda pausa publicitaria me sorprende con un peso extraño sobre las piernas, cambio de postura pero sigo, tozudo, en mis trece. Todas las respuestas que salen de mi boca comienzan por ene, enrócate para seguir en jaque; podría contestarte “no lo sé”, acabar con todo esto diciendo que sí o seguir callado pero, viniendo de mí, serían evasivas.

Noto huecos en mí que ansían algún tipo de calor ajeno, el que sea, y las lágrimas de mis mejillas no son mías, he hecho lo que he podido por evitar hacerme la pregunta así que toca ser valiente y afrontar la realidad: mis reacciones obedecen a tácticas y recursos que he aprendido a lo largo del tiempo, lo que ves no es indiferencia ni dureza, es inercia. Quién diría que algo tan frío pudiera hacer tanto daño.

El diagnóstico no ha cambiado, sigo ingresando cadáver, y he perdido la cuenta de las trayectorias de entrada (¿van cuatro? ¿cinco? ¿seis ya? quién tiene tiempo para contarlas…). O tal vez sea que necesito bien poco para hacerme feliz y me desencajo entero para conseguirlo: un cuerpo caliente al lado del mío, tener llamadas que poder ignorar o mirar la sonrisa de un desconocido justo antes de clavarle mi navaja entre las costillas.

Número de familiares en el extranjero: 2. Bluebells.

2 comentarios en “Nessun Ufficio Mi Basta

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