23 Milímetros

No me hago a la idea de que esto vaya a vivir durante tanto tiempo dentro de mí. Como no me puedo creer la naturalidad con la que otra gente vive esta situación, cómo lo integran en su día a día, llegando a olvidarse de su condición, cómo pueden acostumbrarse a tener algo así creciendo dentro o (lo que es peor) cómo pueden incluso atreverse a convertirlo en tema de conversación en sucios bares frente a un triste café con sacarina y churros por tres euros. El abandono con el que cosifican algo tan grave me hace convencerme de que hay más esperanza que dendritas. Y lamento ser yo quien te lo diga: no hay esperanza. Una epifanía como esta no dejará de doler nunca, por mucho que sea la tercera en lo que llevamos de año.

 

“Ley de vida”, le llaman. “Es lo natural”, dicen otros. “Esto no debía pasar así, no a mí”, me oiréis decir. Luego, cuando nos hayamos repuesto de la impresión inicial, ya debatiremos si quieres sobre las implicaciones del asunto, sobre cuánto de “mucho” hay en un “mucho” o cómo de serio es poner o quitar un “MUY” al desastre, la banalidad bien entendida empieza por uno mismo. Y si a base de quitarle hierro no sobrevivimos ya vendrán días mejores que nos dejen unos cuantos pasos más cerca del final de todo esto. Mediremos el tiempo en días, minutos y segundos y dejaremos que el ruido de la aguja más corta al correr tape el revuelo de batas a nuestro alrededor. Despertar borrachos nos hará más fácil enfrentar lo que sea que nos espere en el cuarto de baño. Pensar nunca hizo feliz a nadie.

 

Creo que por fin entiendo todo por lo que pasaron nuestro padres: esa increíble mezcla de asombro, miedo y vértigo, ese no saber qué sucederá a continuación, ese irracional crepitar de etapas, barcos y puentes, ese beberse la vida a tragos porque no encontraban el manual de instrucciones, ese luchar contra sí mismos; en definitiva, esa sabiduría acumulada a golpe de equivocarse y recibir unas hostias que todavía hoy les duelen. No caigamos en saco roto, dejemos al menos que nuestros huesos, blanqueados por un sol nuclear, sirvan de advertencia a los insensatos que quieran seguir nuestras huellas. Atrevámonos a ser nosotros. Nadie nos podrá quitar eso. Nunca.

 

Número de familiares en el extranjero: 2. Pictures with all the clothes on.

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