Todo Esto No Tiene Nada Que Ver Contigo

Sabes que detesto estar equivocado. Lo que tal vez no sepas de mí es que adoro equivocarme. Pocas veces me siento tan vivo como cuando miro a una oportunidad a la cara, veo la opción correcta y termino desechándola. No pierdo ocasión de abandonar el camino trazado e inventar nuevas formas de hundirme porque, si lo piensas bien, lo bueno no siempre va a ser lo mejor para ti. La recompensa de cometer un error y terminar abrazando el pecado. El vértigo. La emoción. Los nervios. La sensación. La felicidad. Ah, la vida. ESO es la vida.

Me tienes por cauto. Si la policía llama a mi puerta es para entregar notificaciones de suplencias. Sin embargo, a veces pienso con nostalgia en aquella vez volviendo de Alemania, ciego de inositol y citrato de sodio, negociando las curvas del Falset la madrugada de un lunes, ganando por décimas a los altavoces del coche. Jamás he vuelto a escuchar la mejor canción de la historia, a pesar de llevarla siempre encima. Tampoco he sabido nunca cuál era. ¿Fueron BRMC? ¿Los Queens of the Stone Age? ¿Tal vez Bowie? Tú (siempre tú) hacía rato que no estabas ahí, así que tanto da. Aquella línea de bajo fue lo único que me mantuvo con vida aquella noche. Miento otra vez. Aquella línea de bajo y la determinación de dejarte el jueves siguiente.

Encogerte de hombros y tirar hacia adelante no te va a salvar de esta. Me encanta el barro. Mancharme es una de las pocas cosas que dan sentido a mi vida y salto en los charcos con los dos pies bien juntos. Parezco extraer un placer especial complicándome y complicando la vida de los que se atreven a juntarse conmigo para tratar de averiguar de qué hablo cuando hablo de “jugar”. ¿Te apuntas o me borro? Decidas lo que decidas haces mal preguntándote qué has hecho mal, cuál es la decisión acertada, cuánto daño te va a hacer, en qué lugar te va a dejar cuando termine, si esta segunda persona del singular te está hablando realmente a ti y si tiene algún sentido todo esto.

Porque todo esto, como la mayoría de lo que hago, no tiene nada que ver contigo. Sino conmigo.

Número de familiares en el extranjero: 1. Oh, mamá.

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