Hechos Reales (Javier)

En menos de una semana, Javier se quedó sin su pez de colores y sus dos padres. De las tres pérdidas, huelga decirlo, la que más le dolió fue la de Wanda y no por una burda competición afectiva entre los finados ni por una escala de valores un tanto jodida, sino por una mera cuestión cronológica.

Su padre les dejó una tarde de jueves (un día terrible para estas cosas, sin duda), sin dignarse siquiera a avisar. Atinó a pulsar el botón correcto pero nunca llegó a la tercera planta, dejando en el suelo del ascensor el pan, una docena de huevos prácticamente intacta y tema de conversación para dos generaciones de vecinos. Único sustento de la familia, dispuesto a todo lo que no tenga que ver con ponerse guantes o encender fuegos, obstinadamente introvertido, campeón mundial en no demostrar sentimiento ni afecto alguno,ese fue su padre: el cazador recolector definitivo, una roca en todos los sentidos, un paradigma de coherencia.

Su madre, ahogada por esa otra variedad de silencio a la que no estaba acostumbrada, no tardó demasiado en apagarse. Sumisa, con una culpabilidad patológica, todo un ejemplo de saber estar en segundo plano siempre con un plato caliente preparado y una disculpa tan sentida como absolutamente innecesaria e inmerecida, murió haciendo aquello que mejor se le había dado en vida: dejar que los hombres coman primero. El ataud más caro para mi marido, qué voy a hacer ahora con mi vida, cuídate mucho hijo mío, jamás había estado tan sola, sí, estoy bien, me encontrareis muerta en el pasillo de casa sin luz alguna encendida.

Es por eso que Javier (nunca Javi, nadie le llamaba Javi desde quinto de EGB), al llegar a casa y darse cuenta de que Wanda no estaba tratando de batir el record pez de siesta, se permitió terminar de derrumbarse al parapeto de estas cuatro paredes. No le unía ningún vínculo especial a ella (¿ella? ¿él? ¿cómo se mira el sexo de una carpa?), no se lo había regalado ninguna ex, no llenaba especialmente el vacío de su casa, no terminaba de entender a la gente que guarda en sus hogares a pájaros y peces. No había nada de Wanda en la muerte de Wanda. Lo que le dolió fue ese bofetón cósmico absurdo, lo intolerantemente innecesario de la situación, la casualidad convertida en causalidad, el diseño inteligente interpretado como una broma que te hace alguien a quien ni siquiera puedes escupir.

La pérdida, lo irreparable, la realidad y la naturaleza de estas tres cosas. Javier entendió perfectamente que en una situación así sólo hay una salida lógica.

Número de familiares en el extranjero: 1. 1000+ pictures.

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