Hechos Reales (Victoria)

Victoria empuja a un amigo para que te des cuenta de que está ahí, ¿quién lleva la cuenta de las veces que llevamos sin hablarnos? No hay comunicación. Besa muy poco. La mitad más jugosa de Victoria devora corazones con sabor a melocotón mientras pasa los días en una esquina del bar, observando, esperando a que el reloj vuelva atrás y no tener que preocuparse de a qué hora llegará a casa.

Victoria es decepcionante, una larga serie de no menos largos pasillos jalonados con escaleras mecánicas muy eficientes. Menos la última. La última nunca funciona en esta máquina de fabricar primeras veces. Se ha apoderado de ella un vacío de aeropuerto no conocido antes por el hombre, visitado por cualquiera capaz de sostener una mirada cinco minutos.

Victoria parece feliz pero nos tiene a todos preocupados, tan solo un pequeño cambio de actitud y dejará de hacerse daño. La mitad más uno del dolor que sufre es autoinfligido, e ignora que todo el mundo quiere que esté bien, aunque sólo sea porque nos deje en paz de una santa vez. Finge que sonríes y terminarás haciéndolo de verdad. A ver quién es el guapo que se lo dice.

Victoria son quince minutos resumidos en toda una vida. Será quien quieras que sea si con eso consigue ser el centro de tu pista, el maestro en su ridículo traje y quien maneja el foco. Raquel es una mujer barbuda con actitud de payaso triste. La vida nunca es justa contigo cuando crees que sólo mereces cosas buenas pero no sabes lo que quieres ni quién eres.

Victoria es un Doppelgänger excesivo, un histrión, una piel demasiado incómoda de soportar durante demasiado tiempo. Más atención merece no fijarse en lo que sucede cuando uno se da cuenta de que esto ya lo ha visto antes. No le importa ser el postre, el plan C, hasta el tercer puesto todos tienen su medalla.

Pobre animalito herido. Pobre, pobre Victoria.

 

Número de familiares en el extranjero: 2. Warszawa.

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Hechos Reales (Amador)

No es difícil adivinar cómo era el cuerpo que Amador habitaba de niño: una larga melena de pelo alborotado, el gesto distraído, la sonrisa armada y rasgos demasiado grandes, apelotonados en una cabeza de forma indeterminada; y es que Amador nunca termina de crecer porque es el Amador niño aún, siempre listo para el juego, enemigo de los formalismos, imposible no quererlo. Y sin embargo.

A Amador no le sale bien la cosa, se despista, se equivoca de camino y, mientras se queda confundido decidiendo qué vía tomar, sólo consigue que la gente se preocupe por él durante cinco minutos. Después vuelven a lo suyo y lo dejan en su casilla. Este arquetipo rompió el molde a base de ser él mismo, bendición para los demás y condena para sí.

Amador es demasiado buena gente, aunque nadie le ríe el chiste y se le nota enfurruñado por la frustración de haberle tocado a él el papel de Amador. Es capaz de devolver tu saludo, animado como un perrillo que ve su premio, y durante ese atisbo de fugacidad se mitiga el dolor de no encajar, por muy sencillo que lo tenga, por mucho que se empeñe. Su generosidad es increíblemente infecciosa y sus ojos brillan con la rara inteligencia del escéptico, pero para el resto el chiste es él.

A Amador no le suena la guitarra y culpa a su amplificador, pero tira la toalla demasiado pronto y es demasiado fácil descubrir que se siente más pequeño de lo que realmente es. Alguien tallado en un bloque de madera no debería abandonar tan rápido, alguien que ama con tanta pasión no debería dejar que nada se interpusiera en su camino, alguien con ese fuego dentro no debería fijarse en nadie más.

A Amador no le toma nadie en serio, la dieta de sus días es una mezcla de condescendencia y gestos mal camuflados de fastidio, Amador no tiene amigos 8 horas al día. Hasta que uno de esos días muere. Amador desaparece y deja tras de sí un hueco imposible de llenar. Y entonces todos caen en la cuenta de lo jovial, lo vital, lo contagioso, lo necesario que era. Aunque sólo le echemos de menos realmente unos pocos.

Joder, Mario, te vamos a echar siempre de menos.

Número de familiares en el extranjero: 2. Portrait of an American Family.

Hechos Reales (María)

Te desprecia. Te insulta. Te maltrata. Te está escribiendo.

Eres la mujer más valiente del mundo, pero no el rato suficiente. Una pantalla iluminada te recuerda a qué sabe un anzuelo, y la duda sobre si es peor tenerlo todo o no haber perdido jamás nada te deja en una extraña tierra de nadie. Estás habituada a ser alcaldesa en la vida de otra persona y esta soledad, en realidad un picor fantasma, te resulta tan rara como escribir relatos eróticos para Atalaya.

Necesitas constantemente a alguien que te recuerde dónde dejaste el libro donde registrabas todos los pájaros que tienes en la cabeza. Te oyes decir que estás bien, que la que nació para princesa no tiene que meterse a puta, pero media tarde contigo sirve para darse cuenta de que ir por la vida regalando cigarrillos y empezar a pedir tabaco mediada la noche no es un modelo de negocio sostenible.

Te asistes a ti misma en el baño. Miras el cable de la ducha con atención, pensando en cómo de práctico sería hacerse un collar con él, en las marcas que dejaría cuando te lo quitaran, en si es más práctico o placentero hacerlo con agua fría o agua caliente, en si daría tiempo a que desapareciera la mezcla de heces y orina por el sumidero cuando te encontraran. No te gusta molestar.

Ya no sabes distinguir el color de las cosas sólo con tocarlas. Ya sólo conoces una cama, y empiezas a estar aburrida de caer siempre por sus pies, y es que hablar contigo es más entretenido que un hijo drogadicto, pero la gente ha empezado a perder el interés en ti desde que no envuelves ponis en papel de plata como hobby. Todos hemos sido María en algún momento de nuestras vidas. Ellos se lo pierden.

Todo termina con una luz muy fuerte justo detrás de los ojos y un sabor ácido en la boca, una mezcla nunca antes probada de carne quemada y naranjas amargas, un sabor a la par insoportable y adictivo, arropado por el pensamiento de que no te va a costar acostumbrarte a esto. Después de todo, ya estabas muerta cuando le conociste.

Número de familiares en el extranjero: 1. Fully booked.

Hecho Reales (Raquel)

Raquel atrae a dos tipos de persona: los que se la quieren follar sólo por sus tetas y los que se la quieren follar sin que parezca que sólo es por sus tetas. Todos ellos son tan satelitales que, una vez superadas las quemaduras de la reentrada, sólo aciertan a decir “No se alarme”. La gente es magnífica. Cerrar ironía.

Raquel no ha salido aún de su casa y ya está cansada. Da igual los planes que haga, al final la moneda caerá del otro lado. Está tan lejos de su centro que está convencida de que hoy tampoco ha pasado nada. Una vida cerrada por derribo. Vuelvan a sus hogares. No hay nada que ver aquí.

Raquel te cuenta que vive tan fuera de sí que no sirve de nada humedecer tu dedo en ella, sólo va a correrse si estimulas su clítoris con la polla. Follar con Raquel debe de ser como masturbarse ante un espejo, como follar con uno mismo: cuando aprietas, ella aprieta; cuando acaricias, ella acaricia; cuando tiras, ella tira; cuando suspiras, ella suspira; cuando te corres, ella se estremece; cuando muerde, gimo.

A Raquel no le duele que la vida le grite, como no le cuesta meter pecho y sacar tripa cuando se trata de aclarar qué demonios es ella. Es fuerte, aunque ya no se acuerde; es buena, aunque este borrón no deja mancha; es genial, aunque no tiene quién se lo diga.

Un día Raquel decide dar un paso para salir de sí misma y, aunque no es en la dirección correcta, está más cerca. No sabe de dónde, pero está más cerca. Y a veces eso es suficiente.

Número de familiares en el extranjero: 1. The Wedding Planner.

Hechos Reales (Daniel)

Todo empezó con una manzana.

Hay placeres demasiado culpables como para ser admitidos en voz alta, y Daniel se lo creyó la primera vez que le dijeron que tenía una polla muy bonita: puso el grito en el celo y descubrió que era capaz de ganarle un concurso de miradas a una vela apagada.

Entonces, Daniel empezó a escribir cosas en cuadernos con la esperanza de terminar sus hojas, de perderlos de vista algún día. Creyó que sólo así se sacudiría la sensación de ser una serpiente recién partida en dos en la carretera, preguntándose por qué, retorciéndose de dolor en la primera mañana de calor de mayo; creyó que sólo así sentiría ser él quien lo observa todo desde el retrovisor.

Daniel ha perdido la capacidad de amar, aunque se le ha disparado la imaginación, ha dejado de importarle no sentirse querido, sólo deseado. Conoce todos los tutoriales que desnudan la ciencia del nudo y se regala a la primera de cambio. Se acuesta con una chica y no sabe si enamorarse, si esa será la definitiva, de la misma manera que apunta de manera casual una letra en una hoja virgen y no sabe si esa letra es mayúscula o minúscula hasta que no escribe la siguiente. Da igual. No importa. A todas las quiere lo mismo.

Daniel siempre tiene a mano una caja de esos condones que tanto te gustan, esos que llevan su polla dentro. Participa en competiciones consistentes en untarse todo el cuerpo de pegamento y rodar por camas llenas de post-it, son como la lucha grecorromana pero llevándose bien. Toca canciones que no existen en realidad, pero a ti te suenan todas. Repite en voz alta palabras que oye en bocas ajenas, silabeando fuerte, paladeándolas hasta que quedan desprovistas de significado. Le gusta.

Y justo cuando le coge el truco a hacer con las bragas lo que Satán con las biblias en las pelis de serie B, en ese mismo segundo, Daniel se da cuenta de que es bisutería, que sólo deja marcas de alergia cuando te lo quitas. Pincha en loca. Cede. Le muerden. Se rompe. Ahora vive en un bote de formol, en un tercero con vistas al Segre.

Número de familiares en el extranjero: 2. Hang the DJ.

Hechos Reales (Sonia)

Un cuarto sin ascensor. Un cuarto sin decorar. Una mosca petrificada descansando en el interior del plafón de la entrada. Un desconchón en el estucado descolorido del pasillo. Un roce en el zócalo de la entrada al comedor. Un olor persistente a tabaco. Una cortina raída con los bajos raídos colgando de una barra raída. Una silla plegable que no casa con otras tres sillas que tampoco casan entre sí. Un hule que asistió al 23-F, a juego con un mantel que hace dos décadas no ve la luz del día. Una servilleta de papel estrujada. Un mando de televisión sin pilas acumulando polvo en un revistero. Un montón de periódicos viejos en una bolsa de plástico con un asa rota. Un metro cuadrado de baño. Una ausencia absoluta de toalleros. Una borra. Un radiador que gotea. Una puta cortina de Ikea, la misma que en todas las putas casas. Una pila de cacharros por fregar en la pila. Un cajón con medicamentos. Una puerta de nevera llena de recuerdos de otros sitios. Una nevera radiantemente blanca por dentro. Un taburete de rafia donde debería haber una mesilla. Una gata dormitando sobre una cama a medio hacer. Unas maletas que hacen de mesa. Una puerta de armario que no cierra. Una cómoda frente a él de otro color. Una repisa sobre ella de un tercer color. Una foto de un niño.

Un piso barato donde dormir, vacío, sin cariño ni atención, ya ni siquiera lo intenta.

Eso es Sonia.

Número de familiares en el extranjero: 1. Sad to see you go.

Hechos Reales (Javier)

En menos de una semana, Javier se quedó sin su pez de colores y sus dos padres. De las tres pérdidas, huelga decirlo, la que más le dolió fue la de Wanda y no por una burda competición afectiva entre los finados ni por una escala de valores un tanto jodida, sino por una mera cuestión cronológica.

Su padre les dejó una tarde de jueves (un día terrible para estas cosas, sin duda), sin dignarse siquiera a avisar. Atinó a pulsar el botón correcto pero nunca llegó a la tercera planta, dejando en el suelo del ascensor el pan, una docena de huevos prácticamente intacta y tema de conversación para dos generaciones de vecinos. Único sustento de la familia, dispuesto a todo lo que no tenga que ver con ponerse guantes o encender fuegos, obstinadamente introvertido, campeón mundial en no demostrar sentimiento ni afecto alguno,ese fue su padre: el cazador recolector definitivo, una roca en todos los sentidos, un paradigma de coherencia.

Su madre, ahogada por esa otra variedad de silencio a la que no estaba acostumbrada, no tardó demasiado en apagarse. Sumisa, con una culpabilidad patológica, todo un ejemplo de saber estar en segundo plano siempre con un plato caliente preparado y una disculpa tan sentida como absolutamente innecesaria e inmerecida, murió haciendo aquello que mejor se le había dado en vida: dejar que los hombres coman primero. El ataud más caro para mi marido, qué voy a hacer ahora con mi vida, cuídate mucho hijo mío, jamás había estado tan sola, sí, estoy bien, me encontrareis muerta en el pasillo de casa sin luz alguna encendida.

Es por eso que Javier (nunca Javi, nadie le llamaba Javi desde quinto de EGB), al llegar a casa y darse cuenta de que Wanda no estaba tratando de batir el record pez de siesta, se permitió terminar de derrumbarse al parapeto de estas cuatro paredes. No le unía ningún vínculo especial a ella (¿ella? ¿él? ¿cómo se mira el sexo de una carpa?), no se lo había regalado ninguna ex, no llenaba especialmente el vacío de su casa, no terminaba de entender a la gente que guarda en sus hogares a pájaros y peces. No había nada de Wanda en la muerte de Wanda. Lo que le dolió fue ese bofetón cósmico absurdo, lo intolerantemente innecesario de la situación, la casualidad convertida en causalidad, el diseño inteligente interpretado como una broma que te hace alguien a quien ni siquiera puedes escupir.

La pérdida, lo irreparable, la realidad y la naturaleza de estas tres cosas. Javier entendió perfectamente que en una situación así sólo hay una salida lógica.

Número de familiares en el extranjero: 1. 1000+ pictures.